
50 años ya, de un crimen de Estado, que atiende al “atado y bien atado”. Una expresión que para los nacidos después del 76, no les dirá absolutamente NADA.
Una frase que la Dictadura franquista, impuso y, que llega hasta nuestros días.
Acaso las generaciones posteriores han oído hablar algo, en su aprendizaje escolar y académico, de lo que fue la llamada Transición. Seguro que les inculcaron lo modélica que fue, pero no lo que costó en sufrimiento y vidas humanas. Siempre se ha tratado de correr un tupido velo a los acontecimientos que se generaron durante la guerra civil (toda guerra es inhumana, pero la civil es la más cruel), su postguerra, la dictadura en toda su extensión, la transición y hasta en esta pseudodemocracia. Porque también son crímenes de Estado, los sainetes que estos días estamos viendo en los juzgados.
Siempre, siempre pierden los mismos: la ciudadanía de a pie, los parias, los que no tienen donde caerse muertos, los que se desviven por los demás, a cambio incluso de su vida.
Aniano y Ricardo, junto con otros muchos, fueron victimas que solo buscaban y luchaban por tener una sociedad libre y justa, no para disfrute de ellos (que también), sino para disfrute de todas las generaciones venideras. Un sacrificio demasiado alto para que quede en el olvido. Para que no sepamos agradecer su gesta, por la falta de información a la que hemos sido sometidos.
No olvidemos que quien no conoce su historia esta condenado a repetirla. ¿Suena hoy a algo?
