Más de lo mismo

Siempre igual. Nos escandalizamos por el inicio de una guerra, por las barbaridades que se cometen en cualquier de ellas. Eso sí, siempre cuando los medios de comunicación y las RRSS alertan de cualquier atentado a la dignidad de las personas. Pero al pasar los días, decae el interés y todo suena a una noticia más. De vez en cuando nos volvemos a impactar frente a algún acontecimiento que altera el “normal” desenvolvimiento de lo que pasa.

Nos preocupa eso sí, las consecuencias de esa guerra. Las que afectan a nuestro bolsillo y a nuestra plácida existencia. Las otras guerras, con masacres y deportaciones, así como con los refugiados, nos preocupan menos. A no ser de una foto o reportaje con unas imágenes impactantes, que por desgracia solo impactan el tiempo que duran esas imágenes.

Dentro de las barbaridades que se generan en nuestro territorio, al lado de nuestra casa, esas que por el simple hecho de estar tan cerca, son las que nos impactan más. Pero como hemos comentado antes, eso dura un día, dos o una semana, después a seguir viviendo.

Pero es que es inconcebible que estemos siendo impasibles ante la gran cantidad de agresiones sexuales, y de asesinatos. Pero con la violencia de género hemos topado.

La gran pregunta es, ¿qué se debe hacer para erradicar esa lacra? La experiencia nos dice que los políticos, solo se ponen a hacer sus deberes cuando son presionados por las manifestaciones de los ciudadanos, reclamando soluciones.

Siendo como es un problema tan gordo y grave, por qué esa pasividad. ¿Es que no es relevante el que una de cada 45 mujeres en España es víctima de algún tipo de agresión sexual?

Tenemos que ser conscientes, que nuestra sociedad es de por sí, machista. La mujer ha sido por educación recibida, una persona de segundo orden. Siempre sumisa, dispuesta y obligada a realizar las diversas labores, sin ningún tipo de reconocimiento. Lo que, trasladado al trabajo laboral, se le ha seguido menospreciando tanto en el reconocimiento de su valía como de su remuneración. Una auténtica paria de la sociedad.

Hay que poner freno de inmediato a tanta barbarie, con los medios necesarios y generar una educación democrática desde las escuelas, para que dé su fruto en las siguientes generaciones.

Se debería empezar a difundir y enseñar que la verdadera DEMOCRACIA consiste en respetar la libertad de los demás, tal como quisiéramos ser respetados.

Un lema fácil: MI LIBERTAD TERMINA DONDE EMPIEZA LA DEL OTRO.

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